25 de febrero de 2009
Nostalgia
Extraño esa hora en pleno verano cuando Damián llegaba a casa y aparecia el Roque maullando en la medianera, las gatas lo esperaban en la vereda, la batata saltaba de contenta aunque más no fuera con su último aliento y Mile espantaba a todo el zoo para llegar a saludar a su padre primero. Yo mientrastanto esperaba mi turno preparando el mate.
13 de febrero de 2009
Conversaciones robadas
Que qué siento?:
Que mi vida no vale nada para esa gente, que da lo mismo lo que pase, y cada 12 de febrero es igual.
Que mi vida no vale nada para esa gente, que da lo mismo lo que pase, y cada 12 de febrero es igual.
4 de febrero de 2009
Caminos
Desde el quiosco podía ver a Damián y Milena jugando en la plaza en una escena muy cinematográfica (la habría amado Puig). El sol de la mañana amarilleando las borlitas de algodón que caían sobre ellos desde los eucaliptos, la brisa animando la copa de los árboles, el brillo irreal del empedrado.
Cuando salí lo ví de lejos, cruzando la calle, pero dudé: Matías? Mi compañero bocho del secundario se cruzaba sin verse y sin sospecharse con Damián. Qué tiene esto de particular? Nada, sólo el hecho de que con el tiempo me había dado cuenta de que ese chico no había sido un amigo incondicional en la escuela, ni siquiera había sido realmente un amigo. Por qué lo rercordaba entonces? La terapia me había ayudado a entender: él en mi cabeza era una suerte de prefiguración de Damián. Me sostenía siempre que me estaba por caer, sólo que no había nada que se pareciera al enamoramiento.
Damián alzó una mano en señal de que me había visto y por un instante los dos me miraron y continuaron en direcciones contrarias.
A veces los caminos de la gente se unen, después se separan y se vuelven a cruzar en la puerta de una escuela, frente a una plaza, un día cualquiera.
Cuando salí lo ví de lejos, cruzando la calle, pero dudé: Matías? Mi compañero bocho del secundario se cruzaba sin verse y sin sospecharse con Damián. Qué tiene esto de particular? Nada, sólo el hecho de que con el tiempo me había dado cuenta de que ese chico no había sido un amigo incondicional en la escuela, ni siquiera había sido realmente un amigo. Por qué lo rercordaba entonces? La terapia me había ayudado a entender: él en mi cabeza era una suerte de prefiguración de Damián. Me sostenía siempre que me estaba por caer, sólo que no había nada que se pareciera al enamoramiento.
Damián alzó una mano en señal de que me había visto y por un instante los dos me miraron y continuaron en direcciones contrarias.
A veces los caminos de la gente se unen, después se separan y se vuelven a cruzar en la puerta de una escuela, frente a una plaza, un día cualquiera.
2 de febrero de 2009
Ignacio
Ignacio se sienta frente a mí, pone cara amigable (él es amigable) y me conversa de bueyes perdidos. Yo aprevecho ese estado tan receptivo que me muestra hoy y le digo:
-Y Nachito, cuándo te vas a decidir a aprobar lengua? Ya estás grande para seguir llevándotela sólo para molestar a tu mamá. (La madre de Ignacio es profesora de literatura)
-Tanto se nota?
-Se nota, sí.
-Entonces ya no sirve...
Se queda en silencio un rato y me observa mientras corrijo. Después me dice:
-Mi abuela también es profesora de lengua, pero yo no la conozco.
Se queda mirando, esperando mi reacción. Levanto la vista y lo dejo continuar.
-Nunca la vi ni ella a mí. No la conozco.
Para sorpresa de Ignacio yo no me horrorizo. A los quince años todos pensamos que nuestra historia truculenta es la más truculenta de todas. Pero en su compañera sí pega el asunto y cómo. Eliana ,que al parecer estaba en otra, le pregunta:
-Pero vive muy lejos tu abuela?
-No, a siete cuadras cruzando la plaza.
Le responde a ella pero me mira a mí. Está esperando un consejo, una palabra, la sabiduría del maestro. Pero no pienso decirle nada por que yo estoy lejos de la sabiduría. Y si pudiera le diría: no te ensañes con tu madre Ignacio, habrá tenido sus razones. Razones que no te contó para no lastimarte o lastimarse a sí misma. Seguro le duele igual que a vos, y sabe que te enojás y te llevás lengua y por eso no viene a hacer planteos ridículos como las demás madres y te deja desquitarte y venir a dar en marzo.
En siete cuadras cruzando una plaza caben demasiados años, demasiadas historias. Siete cuadras y una plaza puede ser una distancia infranqueable y hay caminos que no se desandan.
Pero el tono de telenovela no le gusta a los adolescentes así que le sonrío y lo comprendo.
Él sonríe y vuelve a su banco.
-Y Nachito, cuándo te vas a decidir a aprobar lengua? Ya estás grande para seguir llevándotela sólo para molestar a tu mamá. (La madre de Ignacio es profesora de literatura)
-Tanto se nota?
-Se nota, sí.
-Entonces ya no sirve...
Se queda en silencio un rato y me observa mientras corrijo. Después me dice:
-Mi abuela también es profesora de lengua, pero yo no la conozco.
Se queda mirando, esperando mi reacción. Levanto la vista y lo dejo continuar.
-Nunca la vi ni ella a mí. No la conozco.
Para sorpresa de Ignacio yo no me horrorizo. A los quince años todos pensamos que nuestra historia truculenta es la más truculenta de todas. Pero en su compañera sí pega el asunto y cómo. Eliana ,que al parecer estaba en otra, le pregunta:
-Pero vive muy lejos tu abuela?
-No, a siete cuadras cruzando la plaza.
Le responde a ella pero me mira a mí. Está esperando un consejo, una palabra, la sabiduría del maestro. Pero no pienso decirle nada por que yo estoy lejos de la sabiduría. Y si pudiera le diría: no te ensañes con tu madre Ignacio, habrá tenido sus razones. Razones que no te contó para no lastimarte o lastimarse a sí misma. Seguro le duele igual que a vos, y sabe que te enojás y te llevás lengua y por eso no viene a hacer planteos ridículos como las demás madres y te deja desquitarte y venir a dar en marzo.
En siete cuadras cruzando una plaza caben demasiados años, demasiadas historias. Siete cuadras y una plaza puede ser una distancia infranqueable y hay caminos que no se desandan.
Pero el tono de telenovela no le gusta a los adolescentes así que le sonrío y lo comprendo.
Él sonríe y vuelve a su banco.
Más conversaciones robadas II
Estoy medio desesperada Tita, hace días que no puedo dormir y cuando me duermo ese sueño otra y otra y otra vez. Ya no sé en qué pensar o qué hacer para evitarlo. Y esta nena que se me retoba y parece que no le imorta nada. Me da miedo decirlo pero a veces la veo parecida a mi madre. Ah, mirá, la nombré. Hace rato que no podía. Y sí, los sueños son por ella. Ahora sueño que ya no peleo, que puedo arrimarme y darle un beso. Y ella está distinta sabés, como más jóven, distendida. Me acerco y le doy un beso y le digo "mamá" como hace todo el mundo, y ella me mira tranquila,sabés, sin ese odio en la mirada que cada vez era más atroz. En mi sueño ella me miraba sin desprecio, como mira a sus otros hijos y hasta se preocupaba y me pedía que no agarrara por ahí, que buscara otro camino. En cierto modo era dulce el sueño Tita, lo triste es despertarse. Decí que los tengo a ellos, pero está brava la nena... Bueno Tita, te dejo que me tocan el timbre. Si, si, yo te llamo, chau querida.
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