A la vuelta: lluvia casi todo el camino. Recién por la dos unos mates para relajarse pero no pude manejar por el campito. Me imaginé, mientras dejábamos atrás la barrera de la entrada, que el sauce que cruza el camino en la mitad del trayecto debía estar particularmente bello después de lal aguacero.
Llegando a casa nos detenemos en el semáforo de Espora y San Martín y, como siempre que paso por ahí, me acuerdo de Matías. Lo digo en voz alta: -la casa de Matías.
Sólo que esta vez me encuentro con que él está parado detrás del kioskito de revistas esperando el colectivo. Lo miro y dudo un poco, al final levanto la mano y lo saludo. El abandona su actitud espectante y se nos acerca mas descontracturado. Parece que tambiém sa alegra de verme.
-¿Qué es de tu vida Matu?
-Estoy de profesor...
-De matemática, obvio...
(Se rie, la mira a mile)
-¿Estás por acá?
-Sí, volví hace un tiempo. Somos vecinos... Huy, ell colectivo!! Me voy a la escuela...
Mientras abro el portón me doy cuenta que los encuentros de los últimos días me dejaron un poco desorientada en el tiempo: Abi, Emilse y Matías volvían de otras épocas de mi vida.
La sensación de extrñamiento se agraava con el silencio de la casa. Mientras me esfuerzo por regresar a mi mundo espero la llegada de mis gatas.
11 de noviembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada