No sé si unos cuantos recuerdos pueden competir con una serenata matutina,
pero recuerdo un muchacho que mide, sin saber ni para qué, un colectivo de la Cañuelas;
que me pasa a buscar con un Willys del cuarenta;
que me deja la mitad de su cama de una plaza;
que frunce el ceño cuando toca la guitarra.
Ahora somos él + yo = una cloncita que se hace notar en la escuela.
Qué bueno que estés en mi vida. Feliz aniversario.
17 de septiembre de 2009
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1 comentarios:
Pobre muchacho... ja.
Estoy feliz de estar ahí.
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