Ignacio se sienta frente a mí, pone cara amigable (él es amigable) y me conversa de bueyes perdidos. Yo aprevecho ese estado tan receptivo que me muestra hoy y le digo:
-Y Nachito, cuándo te vas a decidir a aprobar lengua? Ya estás grande para seguir llevándotela sólo para molestar a tu mamá. (La madre de Ignacio es profesora de literatura)
-Tanto se nota?
-Se nota, sí.
-Entonces ya no sirve...
Se queda en silencio un rato y me observa mientras corrijo. Después me dice:
-Mi abuela también es profesora de lengua, pero yo no la conozco.
Se queda mirando, esperando mi reacción. Levanto la vista y lo dejo continuar.
-Nunca la vi ni ella a mí. No la conozco.
Para sorpresa de Ignacio yo no me horrorizo. A los quince años todos pensamos que nuestra historia truculenta es la más truculenta de todas. Pero en su compañera sí pega el asunto y cómo. Eliana ,que al parecer estaba en otra, le pregunta:
-Pero vive muy lejos tu abuela?
-No, a siete cuadras cruzando la plaza.
Le responde a ella pero me mira a mí. Está esperando un consejo, una palabra, la sabiduría del maestro. Pero no pienso decirle nada por que yo estoy lejos de la sabiduría. Y si pudiera le diría: no te ensañes con tu madre Ignacio, habrá tenido sus razones. Razones que no te contó para no lastimarte o lastimarse a sí misma. Seguro le duele igual que a vos, y sabe que te enojás y te llevás lengua y por eso no viene a hacer planteos ridículos como las demás madres y te deja desquitarte y venir a dar en marzo.
En siete cuadras cruzando una plaza caben demasiados años, demasiadas historias. Siete cuadras y una plaza puede ser una distancia infranqueable y hay caminos que no se desandan.
Pero el tono de telenovela no le gusta a los adolescentes así que le sonrío y lo comprendo.
Él sonríe y vuelve a su banco.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentarios:
¿Madre e hija profesoras de Lengua? Too much!
Publicar un comentario en la entrada