Aquí se acerca Agamenón, su rostro se ha aliviado de pesares, camina como un hombre tocado por la gloria. Ahora él me repite la historia que he escuchado ya de los labios del mensajero. Quizás sea cierta. Si Ifigenia misma, acariciando mis cabellos, me la contara, podría alegrarme. Y aún así, sé que mi corazón no perdonará a este hombre, ni a todos los hombres que, ansiosos por salir a matar, están subiendo a las naves. Le dieron a elegir, y Agamenón eligió. Ni la sierva que quizás Artemisa haya puesto en el lugar de Ifigenia puede revocar esa decisión. Un abismo que, cada día, nuestra separación volverá más hondo, me separa de él.
Desde esta distancia lo veo alejarse en dirección al Ilión.
"Ifigenia" en Áulide de Eurípides
31 de octubre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentarios:
Y no lo perdonó... se ve que tanto no lo amaba.
Publicar un comentario en la entrada