Todos los días volvemos por Italia, a la ida por una vereda a la vuelta por la de enfrente. Es linda la caminata en esta época del año, la doble hilera de paraísos empieza a reverdecer y crean una media sombra alborotada de aves. En una de las casa de esa cuadra hay un gallo que a ella la tiene fascinada por que es el primero que ve en su vida, así que se tomó la costumbre de frenar en el portón y gritar: "co coro có" esperando que el bicho le conteste. Para Milena esa es toda una hazaña.
El caso es que el otro día se asomó la mujer y con cara de pocos amigos me preguntó:
-Qué necesita?
-Disculpe, es que le llama la atención el gallo.
-Me doy cuenta, todos los días lo mismo...
Así que intenté convencer a mi hija de retirarnos rápidamente. Ella comprendió la situación mejor que nadie y siguió viaje con cara de enojo.
Al día siguiente me dijo:
-Vamos a llamar al gallo, quiero verlo.
-Mejor no hija, la señora se enoja.
-Por eso, yo grito "co coro có", te doy la mano y corremos.
No pude resistirme a esa idea que no ponía en práctica desde la infancia y que no sé ni cómo se le ocurrió. Le dí la mano, corrimos, nos reímos mucho. Así es ella, transforma lo malo en bueno y siempre encuentra la manera de reírse de todo.
26 de septiembre de 2008
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1 comentarios:
Yo quiero, yo quiero! Co coro co!!!!
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